¿Hernia de disco? Esto es lo que un traumatólogo en Reynosa recomienda antes de operarte
El diagnóstico de hernia de disco suele causar preocupación en muchos pacientes, especialmente cuando se asocia inmediatamente con la necesidad de cirugía.
Sin embargo, es importante saber que, antes de considerar una intervención quirúrgica, se debe evaluar detalladamente el tipo y grado de evolución de la lesión, y si existe una correlación real con los síntomas del paciente.
En este artículo podrás orientarte sobre cómo se realiza una valoración adecuada para determinar si el tratamiento más apropiado es el conservador, intervencionista o quirúrgico.
¿Qué es una hernia de disco y cómo se produce?
Una hernia de disco es una condición que se produce cuando el material gelatinoso interno de un disco intervertebral se desplaza de su ubicación habitual y ejerce presión o entra en contacto con las estructuras nerviosas cercanas.
Este desplazamiento puede provocar dolor, hormigueo, debilidad muscular o alteraciones en la sensibilidad, dependiendo de la zona nerviosa afectada.
La forma en que se produce una hernia de disco no es repentina en la mayoría de los casos, sino el resultado de un proceso degenerativo que se desarrolla con el tiempo y que requiere una evaluación adecuada para definir el tratamiento correcto.
Del desgaste discal a la hernia: ¿Cómo progresa?
El disco intervertebral experimenta distintas etapas de desgaste antes de convertirse en una hernia.
Las etapas de este desgaste son:
- Deshidratación discal (Fase inicial)
El disco pierde agua y cambia su apariencia en la resonancia. El núcleo, que normalmente se observa brillante, comienza a verse más oscuro.
En esta fase, el disco está deshidratado, pero no existe una hernia.
- Degeneración y debilitamiento del anillo
El anillo fibroso que envuelve el núcleo se debilita o presenta pequeñas fisuras (rupturas), lo que acelera la pérdida de hidratación y disminuye la capacidad de soporte del disco, favoreciendo el desgaste progresivo.
- Abombamiento del disco
En esta fase, el disco comienza a sobresalir ligeramente de su posición normal, pero el contenido aún se mantiene dentro del anillo.
Puede generar molestias, pero no siempre provoca síntomas importantes.
- Protrusión discal
El desplazamiento del disco hacia afuera es más notorio que en el abombamiento. Dependiendo de su contacto con las raíces nerviosas, puede comenzar a causar dolor o síntomas neurológicos de intensidad leve.
- Hernia discal (extrusión)
Se considera una hernia verdadera cuando el material interno del disco sale completamente a través del anillo fibroso roto.
En esta etapa, el material discal puede ocupar el canal medular o comprimir las raíces nerviosas, provocando síntomas mayores.
- Hernia extruida migrada
En los casos más avanzados, el material del disco puede desplazarse hacia arriba o hacia abajo dentro del canal.
Estas hernias suelen generar síntomas más intensos y conllevan mayor riesgo.

¿Cuándo considerar operar una hernia de disco en Reynosa?
La decisión de operar una hernia de disco requiere un análisis minucioso de los estudios de imagen y los síntomas del paciente.
Es fundamental entender que no todas las lesiones discales necesitan intervención quirúrgica; de hecho, en muchos casos, existen alternativas de tratamientos no quirúrgicos.
Por ejemplo, las técnicas como la radiofrecuencia pueden ser útiles en pacientes jóvenes con discos sanos y una lesión localizada. Sin embargo, no es efectiva en hernias extruidas migradas, a pesar de que se suele promocionar erróneamente como una solución para cualquier tipo de hernia.
En general, la indicación de cirugía se basa en la gravedad de la lesión del disco, el tipo de hernia y el impacto real que está ejerciendo sobre las estructuras nerviosas.
Recomendaciones de un traumatólogo para evitar que una hernia de disco avance
Evitar que una hernia de disco progrese depende, en gran medida, de corregir hábitos que aceleran el desgaste discal.
Aunque no siempre es posible revertir el daño, sí se puede frenar su evolución y reducir el riesgo de complicaciones.
- Mejorar la postura en las actividades diarias.
- No permanecer sentado por largos periodos de tiempo.
- Aprender a levantar peso correctamente.
- No realizar movimientos repetitivos sin una técnica adecuada.
- Realizar ejercicios para fortalecer la musculatura que da soporte a la columna.
- No usar fajas lumbares de forma prolongada, pues si se usa continuamente, debilita la musculatura y provoca que el disco se sobrecargue.
- Evitar iniciar tratamientos o tomar medicamentos sin una evaluación y prescripción médica.
- Mantener un seguimiento médico regular para detectar cambios a tiempo y ajustar el tratamiento según la evolución.
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