Espondilitis anquilosante: cómo detectarla a tiempo
¿Te molesta el dolor de espalda con más frecuencia de lo habitual? ¿Notas rigidez al levantarte por la mañana? Aunque pueda parecer algo común, estos síntomas podrían estar relacionados con la espondilitis anquilosante, una enfermedad que muchas veces pasa desapercibida en sus etapas iniciales.
Es una afección crónica que no tiene cura, por lo que diagnosticarla a tiempo puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida del paciente.
Te invitamos a seguir leyendo este artículo, donde te contamos cómo reconocer los primeros síntomas, cuándo es el momento de consultar con un especialista y qué opciones existen para controlarla.
¿Qué es la espondilitis anquilosante?
La espondilitis anquilosante es una enfermedad inflamatoria que altera las articulaciones de la columna vertebral, especialmente en la zona lumbar y sacroilíaca, causando inflamación, dolor y rigidez.
Esta rigidez se ocasiona por una respuesta del cuerpo al intentar sanar la inflamación: forma nuevo tejido óseo; sin embargo, este proceso puede cerrar los espacios entre las vértebras y provocar que se fusionen entre sí. Esta fusión progresiva aplana las curvas naturales de la columna y genera una postura rígida y encorvada.
Síntomas de la espondilitis anquilosante
Los síntomas de la espondilitis anquilosante suelen desarrollarse de forma gradual, y muchas veces son confundidos con molestias comunes de espalda; sin embargo, hay molestias específicas que pueden alertar sobre esta enfermedad:
- Dolor lumbar persistente: especialmente en la parte baja de la espalda y en los glúteos; a menudo empeora con los periodos de inactividad o por las mañanas.
- Rigidez matutina: sensación de rigidez en la espalda baja al despertar, es preocupante cuando dura más de 30 minutos.
- Fatiga: el cuerpo lucha constantemente contra la inflamación, lo que genera un cansancio intenso y persistente.
- Dolor de otras articulaciones: a medida que la enfermedad avanza, el malestar no se limita solo a la columna; también puede afectar otras partes del cuerpo, como cadera, hombros, rodillas e incluso ojos.
- Inflamación ocular (uveítis): en algunos casos, se presenta enrojecimiento ocular, visión borrosa o dolor en los ojos.
- Pérdida de movilidad: la rigidez puede volverse constante y causar dificultad con los movimientos de las actividades diarias del paciente.
Es importante atender estos síntomas, sobre todo si persisten por más de tres meses o si se presentan sin una causa aparente.

¿Cómo se detecta la espondilitis anquilosante?
Detectarla en su primera etapa puede ser un desafío, ya que los síntomas iniciales suelen confundirse con dolores musculares comunes; sin embargo, una evaluación por un especialista definirá el diagnóstico con mayor precisión.
El especialista empieza con una serie de evaluaciones médicas en donde examina la duración y características del dolor, la presencia de rigidez y algunos factores de riesgo, como la edad; ya que es un padecimiento más frecuente en hombres jóvenes, generalmente entre los 20 y 40 años.
Se complementa con radiografías y resonancia magnética para detectar la inflamación y los cambios o fusiones de las articulaciones; junto con análisis de sangre, para detectar la presencia de un gen que suele estar asociado con esta enfermedad, el HLA-B27.
Un diagnóstico temprano no solo ayuda a aliviar los síntomas, sino que también permite iniciar un tratamiento que pueda frenar el avance de la enfermedad y proteger la movilidad del paciente a largo plazo.
¿Cómo se trata la espondilitis anquilosante?
Aunque la espondilitis anquilosante es una enfermedad que no tiene cura, a lo largo de los años y con los avances médicos, se han definido ciertas medidas que ayudan a mejorar la calidad de vida del paciente. Aun así, los tratamientos deben de ser indicados y monitoreados por un especialista.
Se empieza con un tratamiento farmacológico; el consumo y elección de los medicamentos van a depender de la reacción del paciente y de las mejoras.
Estos son los que se suelen utilizar:
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): son los primeros que suelen recetarse para aliviar el dolor y reducir la inflamación.
- Medicamentos biológicos: cuando los AINEs no son suficientes, se recurre a los anti-TNF (infliximab, etanercept, adalimumab) o a los inhibidores de IL-17; ambos actúan sobre el sistema inmunológico.
- Consumo sulfasalazina o metotrexato, que son útiles para aliviar la artritis en las extremidades.
Además de eso, debe ir acompañado con ejercicio físico y con fisioterapia: ejercicios de estiramiento, natación o yoga para mejorar la postura, disminuir la rigidez y mantener la movilidad.
Con el tratamiento adecuado y continuo de la espondilitis anquilosante, el paciente podrá llevar una vida funcional, pero requiere de constancia, seguimiento médico y de hábitos saludables.

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