¿Qué es la cadera?
La cadera es la articulación más grande e importante del cuerpo humano; se compone del hueso coxal (acetábulo) y del hueso del muslo (fémur), por lo que es la parte que une la pierna con el tronco.
Esta articulación es esferoidea, lo que le permite realizar una amplia gama de movimientos: flexión, extensión, abducción, aducción, rotación externa e interna. Eso la convierte en uno de los elementos claves para la movilidad, el equilibrio y la estabilidad del cuerpo.
La cadera está compuesta por varias estructuras que trabajan en conjunto: huesos, cartílago articular, ligamentos, músculos y bolsas sinoviales o bursas; toda esta compleja estructura demuestra que puede ser vulnerable a distintas lesiones o enfermedades.
Aunque la cadera es una articulación de gran resistencia, también es de las que más son afectadas con el paso del tiempo; por eso resulta necesario e importante conocer cómo cuidarla y detectar las señales de alerta.
¿Cómo puedo cuidar la cadera?
Cuidar la salud de la cadera es posible mediante hábitos y prácticas preventivas, como acudir a revisiones médicas periódicas, evitar caídas, usar un calzado adecuado que brinde soporte o practicar ejercicios y estiramientos de fortalecimiento muscular.
Algunas señales de alerta que requieren de atención médica inmediata son: dolor persistente, chasquidos acompañados con molestias, rigidez matutina o limitación de movimientos.
¿Qué tipo de lesiones puede sufrir la cadera?
La cadera es fuerte y resistente, pero puede llegar a dañarse con el paso de los años, por el sobreuso, traumatismos, lesiones o enfermedades que comprometen su funcionamiento o estructura, ocasionando, al mismo tiempo, dolores, rigidez y limitación de movimiento en las actividades diarias.
Algunas de las lesiones y enfermedades que afectan su funcionamiento son:
- Fracturas: Suelen ser comunes tras sufrir un traumatismo o en personas mayores con osteoporosis.
- Luxaciones: Se producen cuando la cabeza del fémur sale del acetábulo. Es frecuente tras algún accidente grave.
- Artrosis de cadera: Se provoca por el desgaste progresivo del cartílago articular.
- Inflamación de las bursas o bursitis: Genera dolor en la parte externa de la cadera.
- Displasia de cadera: Es una alteración congénita en la formación de la articulación que provoca inestabilidad de la extremidad.
- Inflamación de los tendones o tendinitis: Ocurre con mayor frecuencia en deportistas.
¿Cómo se diagnostican y se tratan las lesiones de la cadera?
Para poder diagnosticar y sanar una lesión de cadera, se necesita de la consulta y seguimiento con un traumatólogo ortopedista.
El médico realizará un examen físico y estudios de imagen (radiografías, resonancias magnéticas o tomografías), para posteriormente diseñar un tratamiento que vaya de acuerdo con la causa del dolor y con las necesidades del paciente.
Por una parte, está el tratamiento conservador, que incluye:
- Prescripción de medicamentos analgésicos y antiinflamatorios para aliviar el dolor e inflamación.
- Aplicación de infiltraciones de corticosteroides o ácido hialurónico para los dolores crónicos.
- Sesiones de terapia física para mejorar la movilidad, fortalecer los músculos de la cadera y corregir la postura.
Pero también se puede recurrir a procedimientos quirúrgicos, como:
- Artroscopia de cadera para reparar los daños de cartílagos y tendones.
- Cirugía correctiva en displasias o luxaciones.
- Cirugía de reemplazo articular para reducir el dolor y devolver la movilidad.
Las lesiones de cadera no solo afectan físicamente, también pueden repercutir en la vida social y emocional del paciente, pues limitan las actividades diarias básicas, como caminar, subir escaleras o practicar deporte.
De ahí radica la importancia de un diagnóstico y tratamiento adecuado, pues puede marcar la diferencia en la recuperación del paciente. De igual manera, la prevención es fundamental para preservar la salud de la cadera.
Mantener esta articulación en buen estado es esencial para disfrutar de una vida activa, independiente y plena.








